Este articulo se lo dedico a un excelente entrenador y mejor amigo aun, Pascual Cifuentes Ruiz, Gracias por contar contigo amigo.

Todos hemos oído alguna vez, que el perro puede (seguro que si), oler el miedo y por ende atacarnos, esto sucede cuando, por la acera, nos encontramos con un portón abierto, (por dar un ejemplo) y un perro está afuera de su casa.
Ahora, separemos el mito de la realidad, el perro, efectivamente, puede oler la descarga de adrenalina que soltamos, al sentirnos amenazados por él, nosotros, como humanos y aquí radica la diferencia, incluso sabemos cómo se llama lo que expelemos, adrenalina, pero que es lo que el perro sabe?
El perro lo que sabe, es que también él esta soltando una descarga de miedo (adrenalina) y lo que sabe, o cree saber, es que nosotros estamos oliéndolo (para el perro, su mundo es el nuestro), entonces ese no será el detonante del ataque, claro que no, el detonador será nuestra actitud, en otras palabras, según lo que hagamos será el mensaje que el perro reciba y por ende lo que desencadene la reacción.
Veamos qué es lo que tenemos y lo que no tenemos que hacer.
Empecemos por lo que no tenemos que hacer. Correr es un error fatal, despertaremos el instinto de presa del perro, e irremediablemente nos atacara, como si lo enfrentamos, será lo mismo para él, también nos atacara.
Ahora bien, lo que si tenemos que hacer, en el momento que crucemos su territorio, que es por lo que el enfrentamiento se sucederá, es detenerse y sacar la lengua lamiéndonos el labio superior, esto, en idioma perro, quiere decir, tranquilo, tranquilo, (si no lo creen, regañen a su perro y pongan atención a su hocico, tarde o temprano, sacara la lengua para lamerse la nariz).
Lo segundo inmediato, será bostezar, haciendo la cabeza a un lado, sin ver al perro, esto en idioma perro quiere decir, tranquilo, ahora si te estás pasando, no te pases. Si el perro aun así insiste en el ataque (regularmente son perros frustrados, con poca o nula atención de parte de sus dueños y perros de temperamento) usaremos el último recurso, que evitara que el perro nos ataque.
Nos tiraremos al suelo, subiendo encorvadas las manos,con las palmas hacia arriba y las piernas con la espalada en el suelo, esta, la señal de sumisión, la más fuerte y explicita de todas, hará que el perro, a lo mucho, nos ponga una pata encima, demostrando su dominio y así comunicándonos en su idioma /entendimiento, evitaremos el ataque inminente.
Esto es primordial que se lo enseñen a sus hijos, y lo entiendan cabalmente para evitar que algún perro, por una señal erronea, los ataque.
Jorge Alzaga Ubeda.

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