En el entrenamiento es necesario crear complicidad con el perro, con eso se trabaja mejor, porque se bromea con el y el trabajo se disfruta, el perro se relaja sin perder fuerza ni el estimulo, con el que acrecentó la atención en mi. Algo fundamental para el condicionamiento  operante. Como se bromea con un perro? se preguntaran, jugando en el trabajo, es decir jugar al mismo tiempo que se entrena.
Ahora bien, yo juego con los estímulos del perro, los subo y los bajo dependiendo de el enfoque y el impulso. Me gusta tocar al perro, eso nos da confianza a los dos, sirve más que para afirmar o, felicitar una ejecución, para acrecentar atención y confianza, y sobre todo para crear un vinculo.
Todos los perros son distintos ninguno actúa de forma similar, cuando enseño el junto tocarlo y  jugar al mismo tiempo que lo entreno, funciona bien, para lograr que el perro no se desborde con el juego perdiendo el enfoque, viro de golpe, dando el comando de voz “fuss” y como vira conmigo, cliqueo (marco) el viraje, al hacer estas dos cosas virar a sabiendas que por el juego y el contacto el impulso y enfoque están a punto de estallar en juego. Bajo el impulso y cambio el enfoque de juego a trabajo, bajando el estimulo de golpe, no la atención al comando, ordenando con voz y lenguaje corporal la ejecución del mismo.
Por eso es necesario tener cuidado al hacer esto, debemos evitar que el perro se lance a nosotros jugando, midiendo y atenuando el impulso que hemos creado, con cambios de rumbo y cliqueo, de esa forma, mantengo la atención manejando impulsos altos y medios con el juego y el comando que se este practicando.
Siempre premiando el que me este viendo a la cara, ya sea en junto o en cualquier posición.  En el proceso de condicionar es necesario que el perro este atento a uno.
Cuando ya tengo un mes trabajando con el perro, me gusta hacer un ejercicio, que asegura que el perro suelto o con correa, este pendiente de mi, esto facilita el acudir al llamado de lejos.
Este ejercicio consiste en entrar a un parque arbolado y pasear con el perro liberado (sin comando) y dejarlo oler la hierba y que se aleje, o se atrase, en el momento que se distrae me escondo y espero, si veo que se aleja, silbo  no doy comando de voz y espero, entre mas se desespere mejor siempre cuidando que este a la vista y sin dejarlo abandonar el parque.
Este ejercicio  después de una semana, es casi imposible hacerlo de nuevo, pues el perro pondrá siempre un ojo en nosotros.
Jorge Alzaga Ubeda.

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